Jaloner está viviendo un momento clave en su carrera. El rapero se muestra más libre y seguro de sí mismo, pero fiel a su forma de entender la música. En esta entrevista, reflexiona sobre la fama, la autoexigencia, la improvisación y cómo encuentra inspiración en lo cotidiano. Con una sinceridad poco común, compara la improvisación con la intimidad de un encuentro sexual, explicando cómo el arte y el disfrute personal pueden coexistir sin perderse en la presión del éxito.
Está viviendo un momento histórico: su primera gira autoproducida es una realidad. ¿Cómo se siente a escasos días de aterrizar en Barcelona?
Pues muy bien, contento de estar haciendo esta primera gira con mucha ilusión. Estamos avanzando con el proyecto, ahora con banda y con un concierto un poquito más profesionalizado. Este sábado estaremos en Barcelona, acudir a esta ciudad es siempre un placer. Está yendo todo muy bien por los distintos puntos de España.
Cuando se enfrenta a sus conciertos, ¿qué supone ver a su público y entregarse completamente? ¿Es la materialización de uno de sus sueños?
Mi caso es un poco particular. Históricamente había renegado un poco de la exposición y siempre lo he llevado como algo muy personal. Subía canciones, sí, pero no fue hasta 2024, cuando fui a Argentina, que la acogida fue muy fuerte, los conciertos fueron geniales, y ahí cambió mi perspectiva. Me dije: “igual sí quiero exponerme”. Ahora estamos en una nueva etapa, saliendo a tocar en directo y desarrollando un poco más la carrera, cosa que antes no era así.
Curioso, porque muchos artistas responderían simplemente que cumplir un sueño es algo emocionante. ¿A usted le genera nerviosismo subirse al escenario?
Lo llevo bien. Al principio, rechazaba la fama, perder un poco el anonimato, y también el miedo a corromper lo que me gustaba hacer por satisfacer a la industria. Quería mantenerme alejado de eso para poder desarrollar mi arte de manera genuina. Es como cuando a alguien le gusta algo de forma íntima: por ejemplo, a mucha gente le gusta hacer el amor, pero no por ello tiene que dedicarse profesionalmente; a veces lo disfrutas tanto que prefieres mantener la intimidad para cuidarlo.
¿Es usted autoexigente?
Sí y no. Me encantan mucho las palabras y me divierto jugando con ellas. Ahora sí que me siento un poquito más liberado de los miedos a la opinión ajena y de la exigencia que me imponía antes. Antes era muy exigente con la forma y la novedad: siempre sentía que tenía que aportar una manera de rimar que me pareciera novedosa o que no hubiera escuchado.
Ahora intento buscar un equilibrio entre forma y fondo. Si es una expresión pura o siento que es un mensaje que sale de dentro, no necesito adornarlo tanto con la forma. También estoy más metido en el conjunto de la música y de las canciones, no solo en la técnica de rimar. En la improvisación siento que es mucho más del momento. Es como con un encuentro sexual: puedes apoyarte en habilidades que ya sabes que funcionan y que le gustan a la gente, como un ejercicio que controlas, o simplemente rendirte al momento, escuchar lo que propone la situación y encontrar nuevas formas acordes a cómo te sientes, sin depender únicamente de tu “archivo” de recursos.
Siempre me ha llamado la atención su capacidad de improvisar. ¿Cómo logra hacerlo?
Son varios factores. Desde pequeño escuchaba rap gracias a mi hermano y mi primo mayor. Cuando empecé a improvisar en las calles de Alicante, ya tenía un archivo enorme de palabras y canciones memorizadas. Eso me dio la facilidad inicial. Luego, con el tiempo, la improvisación se convierte en un reto: no quieres caer en patrones repetidos. Es un compromiso contigo mismo, porque realmente nadie sabe qué pasa por tu cabeza en ese momento.
En cuanto al día a día, ¿las palabras le surgen incluso en conversaciones?
Sí, aunque ahora estoy más tranquilo. Antes me costaba estar presente, porque todo era un estímulo para improvisar. Ahora voy apuntando ideas y me dejo llevar más, siento que las ideas no nacen de mí, sino que las sintonizo del entorno o de un subconsciente colectivo.
¿Ha tenido influencias de otros raperos?
Por supuesto. Todo artista se nutre de referencias. He tenido muchas, nacionales e internacionales, y siempre he aprendido emulando o adaptando estilos a mi manera.
¿Y artistas nacionales que siga actualmente?
Hay muchos que me gustan, pero sobre la industria, no sabría decir. Lo que sí valoro es el talento que tenemos en España.
Vuelve a Barcelona esta semana, y próximamente vendrá Kaze, con quien comparte manager y simpatía. ¿Lo sigue como referencia?
Sí, me gusta mucho lo que hace, especialmente su directo, y me encanta que sea de Cartagena como yo. Pero no ha sido una referencia directa en mi estilo; ya tenía mi camino definido cuando lo conocí.
Para concluir, si dentro de 10 años hiciéramos esta entrevista, ¿cómo se imagina?
Es difícil proyectarse porque pienso que el tiempo es una ilusión y todo sucede al mismo tiempo. Pero creo que seguiría agradecido, con mi propio estudio en el bosque, haciendo canciones, rapeando y disfrutando de la tranquilidad cuando quiero, y de la actividad intensa cuando me surge la inspiración.
